Gracias a Raqueliña y a Javi [1] y Bea [2] ayer me pude tomar esto:
El otro día además nos tomamos unas lentejas gracias al saber hacer de Miguel [3], a la página de Arguiñano [4] y a las lentejas que mi madre (no, ella no tiene link) metió en mi maleta antes de volver aquí en el segundo cuatrimestre.
La verdad es que tener materia prima española por aquí es un lujazo. Si miro a mi alrededor puedo ver una botella de vino español que allí puede costar sus tres euros, pero que aquí no baja de los diez; un envoltorio vacío de chocolate blanco Milkibar (no ha durado nada); una botella sin empezar de aguardiente [5] que Iago me prometió convertir por arte de magia en una queimada [6]; un bote de tomate frito Orlando que hace palidecer de envidia a cualquier tomate frito que se haya atrevido a aparecer en los supermercados de los países nórdicos; una botella de aceite virgen extra por la cual lloraré el día que se me acabe y por último dos chorizos de Salamanca como el hombre no ha probado jamás.
No es que Finlandia no tenga cosas buenas. Pero la tierra tira, y gastronómicamente más (alguien ha dicho ahora con un 30% más de patatas?)
Dejadles que disfruten de la comida del Carelia, dejadles…
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