El día siguiente en San Petesburgo fue un día de compras los que aún tenían algo que comprar, de visitas los que aún tenían algo que visitar y de paseos los que aún tenían energías. Yo me fui a comer con Florian, Tetris, Thomas, Sean, Ala y alguno más que no recuerdo.
Revisitamos la catedral de la Sangre Derramada, los puestecillos de enfrente, los campos de Marte, la plaza del Hermitage, después a ver otra vez San Isaac y a casa para prepararnos para la noche.
No me lo compré, pero casi.
Como no sabíamos exactamente a donde ir volvimos al Marstall (sí, donde las tías que bailaban en barra americana en topless y aspecto de bar country) donde Mikko se erigió como una figura más importante que las propias bailarinas. Bebimos (mucho) con las últimas botellas de vodka y la cerveza del bar , reímos (muchisimo), bailamos (algunos más que otros) y a casa a dormirla. Como mis rublos empezaban a escasear me fui con los alemanes andando por San Petesburgo a las 4 de la mañana sin saber exactamente donde andábamos. Al final, eso sí, llegamos sanos y salvos.
Entrando en calor antes de salir.
Al día siguiente nos quedamos dormidos Marta, Raquel y yo y bajamos los últimos al bus. Como vimos que seguía allí y que iba ser un día largo nos fuimos al buffet y llenamos todos los tupperware que llevaba encima (todo esto, claro, con el pedo del día anterior todavía ahí). Nos metimos al bus rumbo a nuestra querida Finlandia después.
En Rusia esa mañana lucía el sol y esaba a bajo cero, con lo que pudimos por primera vez notar lo que era estar a tan baja temperatura. Hicimos una parada en un pequeño lago que se había quedado helado con un monumento (otro) dedicado a la memoria de los caídos en la segunda guerra mundial.
También aprovechamos la última oportunidad que teníamos de hacernos una foto con Mikko antes de despedirnos para siempre. Este hombre estará en nuestra memoria para siempre, y que meses después nos acordemos aún de él dice mucho.
En el bus al salir esa mañana de San Petesburgo
Con tetris en el Bus
El monumento a los caídos al lado del lago
Imitando a Mikko.
Paramos antes de salir de Rusia en la gasolinera infecta donde estaba el tipo que vendía alcohol y tabaco, para que la gente que quisiera hiciera las últimas compras. Subimos otra vez al autobús y la gente empezó a esconder sus botellas de más (sólo se puede sacar de Rusia un litro por persona) y sus cartones de tabaco de más. También nos hicimos las últimas fotos de grupo dentro de Rusia.
El que no corre, vuela
Todos los de atrás
Y un servidor
Tras en engorro de la frontera reentramos en Finlandia y después de coger el tren de vuelta vimos las primeras nieves y al llegar a Joensuu nos encontramos con que todo tenía la capa de nieve que habíamos estado esperando algunos meses.
Y la aventura llegó a su fin.
Marta depués de los muchos tragos de vodka se rayó y pasó una semana repitiendo indiscriminadamente «la vodka la peor droga», «so…» y «oiga, señora, ¿Ha visto a Tetris?»
Tetris dejó de ser dicharachera y volvió a su vida de siempre: se encerró en su habitación y no volvió a salir si había alguien en la casa.
Raquel sigue enamorada de Mikko y se pasa el dia suspirando mientras mira por la ventana. Múltiples expertos recomendaron su sacrificio para que no sufriera más.
Mikko dejó las cosas en el tren de vuelta a Oulu, se fue al servicio de la estación y el tren se fue sin él. Lo bordó.
Más de uno sí que sacrificaría a este elemento.
En cuanto a mí sufrí un trastorno según el cual cuando alguien nombraba el vodka tenía que beberme todo lo que hubiera alrededor. Se recomienda no llevarme la contraria en este aspecto. Nunca 😉 .
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